Introducción:
El 11 de marzo de 2006, asume la Presidencia de la República de Chile, la Señora Michelle Bachelet Jeria. Esto, marca un hecho histórico, ya que es la primera mujer que asumirá un cargo de tal envergadura en este país. En el primer mes de gobierno, su aprobación, se incrementa en aproximadamente un 10%; situación, que cambia a comienzos de mayo, con el estallido de la “Revolución Estudiantil”. Con el pasar de los meses, ocurren nuevas polémicas, que afectan de manera considerable, la opinión publica, respecto a su gestión como mandataria. Ejemplos latentes, son el caso Chiledeportes, cambio de gabinete a menos de tres meses de la puesta en marcha de su gobierno, y como un punto central, la deficiencia del plan de transporte Transantiago.
Tomando la definición de política que establece Rafael del Águila: “política es la actividad a través de la cual los grupos humanos toman acciones colectivas” (del Águila, 2005, p.21). De esta idea subyace que la elección presidencial, corresponda a una forma de participación de los ciudadanos, ya que representa el ejercicio de uno de los derechos fundamentales de los individuos, el cual es el derecho a voto, además de las consecuencias que éste hecho supone. El mandatario elegido democráticamente por los votos, ejercerá actividad política en la organización y administración del país, tomando iniciativas en conjunto con los ministros de su confianza y el Parlamento. Todas estas características, hacen de la crisis de la desaprobación de la gestión del Gobierno de Bachelet, un problema político.
En cuanto a los enfoques a utilizar, estos han sido escogidos por la identificación que representan en cuanto al tema escogido. Además, poseen características semejantes, tales como la ontología de sus postulados. Tanto el institucionalismo, como el análisis racional, y la teoría del discurso, a mi percepción; representan exponentes del anti-fundacionalismo, al referirse a hechos socio-políticos, vinculados a fenómenos sociales construidos en el tiempo, donde son los individuos quienes dotan de significación a los mismos, interpretándolos de manera específica.
Los enfoques restantes, serán tomados a modo de auxiliares en este análisis, ya que no se adecuan directamente al hecho social que se esta estudiando. Dentro de las razones, prima el hecho de que por ejemplo, el Feminismo, representa una tendencia más bien hibrida. Porque si bien, dentro de sus postulados reconoce que ambos sexos, poseen los mismos atributos, y es el rol de género el que marca la diferencia (idea de connotación fundacionalista), como también reconoce la idea del machismo como una construcción social, lo que le confiere características anti-fundacionalistas. Por otra parte el marxismo y el análisis conductista, son aplicables mas certeramente en conflictos de índole socio-económico, no así en conflictos netamente ligados al ejercicio político.
Institucionalismo y gestión gubernamental
Se debe partir de la premisa de que las instituciones políticas son las interacciones de poder entre los componentes del Estado. El institucionalismo, corresponde a una corriente analítica cuyo fin es estudiar las instituciones políticas (Rhodes, 1997). Pero dentro de esta corriente, existen formas de estudiar la institución, dependiendo de su conformación. En este caso, al analizar el Gobierno de Chile, se utilizará el método formal-legal, ligado a la administración pública de instituciones políticas, que además, incluye el estudio del derecho público. En cuanto a lo anterior, es importante señalar que las medidas tomadas por parte de este Gobierno, no han sido un ejemplo de consideración hacia la comunidad. Se debe recordar que la mayor parte de las criticas y por lo tanto desaprobación a la gestión gubernamental se debe al poco poder de previsión por parte de los cargos administrativos, al no presupuestar las consecuencias que produciría el plan de transporte Transantiago. El institucionalismo, tiene directa relación con el funcionamiento y ejercicio de las democracias, y como proceden legalmente (Rhodes, 2007). Pero no solo se refieren al ejercicio de las instituciones políticas entendidas como gobiernos, sino que también representan a aquellos partidos fuera del ámbito gubernamental, que institucionalizan sus grupos para conseguir fines políticos, por lo tanto, en este caso, el institucionalismo, se convierte en un medio para obtener un fin. Esta tendencia es ampliamente reflejada por la oposición (Alianza por Chile, por ejemplo) la que al tener instituciones políticas, es decir, partidos que los avalan; persiguen el fin de ser electos presidentes.
Por otro lado, confiere una serie de valores políticos, como son la elección de un gobierno basado en la mayoría, que como fue señalado anteriormente, está vinculado al derecho a voto de los ciudadanos, una oposición institucionalizada, funcionarios neutrales (quizás este sea el punto de quiebre en la política chilena, y más aún en el gobierno de turno) y un equipo de gobierno (Rhodes, 1997), el cual, en los primeros meses de gobierno, fue modificado por la Presidenta. Las ideas planteadas anteriormente, pertenecen a un modelo de democracia liberal, el cual a mi juicio es utilizado de mala forma en este país.
Otra faceta del institucionalismo, es el método histórico comparativo, el cual dota a la institución de una visión crítica, al analizar otras instituciones, de esta forma, se logra la apreciación de las mismas de una forma más ecléctica. Y quizás este es el enfoque utilizado por la oposición al criticar la actual administración. Y por qué no, empleado por el gobierno actual, como imitación de las políticas que han funcionado en otros países. Probablemente este sea el fracaso de la mayoría de los planes de gobierno, ya que se utilizan modelos importados, sin considerar el impacto que causaran en nuestra sociedad.
Muchas son las críticas al institucionalismo, una de ellas, y a mi consideración la más trascendental, prevista por Easton, es la falta de especificación de estudio. Este enfoque, cae en la generalización exacerbada al expandirse en el análisis de casi todas las formas de organización. Ante estas condiciones se proponía un análisis sistemático de las instituciones y sus implicancias al interactuar. (Rhodes, 1997)
Probablemente este también sea un punto clave a nivel gubernamental, ya que sus carteras no están directamente relacionadas, es decir, no actúan en conjunto, evaluando los costos que tendrán sus actos, sino que mas bien, ejercen las acciones correspondientes, para después encontrarse con las consecuencias de un mal planeado esquema, carente de previsiones al impacto provocado. Un ejemplo representativo de este error, se encuentra en el plan Transantiago, el cual, ha sido el principal detonador de la desaprobación ciudadana a la Presidenta.
Teoría de la elección racional
En cuanto a este enfoque teórico, cabe señalar que tiene estrecha relación con las decisiones que se toman a nivel particular, las cuales no siempre representan el bien común, por lo tanto, dejan entrever la poca fe, con que se ven las organizaciones colectivas para lograr fines legítimos. Para este enfoque, la estrategia es el motor del conflicto, por lo tanto, los actores, establecen sus preferencias, es decir lo que desean obtener. De esta manera entran al “juego”, estudian las acciones de los otros actores y en relación a las mismas es como proceden a futuro. (Ward, 1997)
La teoría de la elección racional, es a mi parecer una mera estrategia de suma y resta, en la cual, los actores involucrados actúan meramente a través de la conveniencia y las disposiciones que sus acciones provoquen. Este es el caso de la oposición, la que forma una mala imagen del gobierno a través de distintas maniobras políticas, acusándolo de corrupción, malversación de fondos, entre otros. Estas acciones, desencadenan una opinión pública desfavorable hacia el gobierno, lo que conlleva a una desaprobación a la gestión gubernamental. Por lo cual, el gobierno, y los partidos afines al mismo, no tienen más que responder a las críticas, evaluar la situación y luego intentar cambiar la impresión colectiva. Pero dentro de este procedimiento, nuevamente la oposición esta tejiendo maniobras para contraatacar y a su vez el gobierno prepara tácticas para nuevas defensas. Todos estos procedimientos, se ejecutan por conveniencia, y cada actor intenta salir bien, conservando sus intereses intactos. Se debe recordar que este tipo de enfoque es similar a un juego de ajedrez, por las acciones ejercidas y sus consecuencias.
Frente a esta teoría, existen cuatro tipos de críticas. La primera de ellas está relacionada con los mismos actores de la elección racional, y plantea que existe una suerte de incertidumbre en cuanto a las áreas de interés a las que se enfoca, produciendo dificultades a la hora de predecir las acciones consecutivas, también se produce la pregunta de que es lo racional de la elección que se esta tomando, y qué es lo que se entiende por momentos de tensión y poca información (Ward, 1997). Este problema, puede causar varias consecuencias a nivel político, al no poder tener conocimiento de las obras a seguir y por lo tanto, no ejercer las labores a tiempo o simplemente no precaver las acciones. Otra critica, es la que hacen los sociólogos, quienes arguyen, que la teoría de la elección racional, no es legítima, ya que los seres humanos actúan según la sociedad en la que se encuentren, por lo tanto están condicionados a actuar de ciertas formas. Es la sociedad, quien los determina a un cierto modo de conducta, por lo cual, es un método poco imparcial. Una tercera critica, esta dada por los psicólogos, quienes sostienen que la teoría de elección racional, no representa algunas tendencias psicológicas aplicables a la política, como es el caso del altruismo, ya que este enfoque sólo analiza las interacciones que se dan en son de disputa y competitividad política. La cuarta critica, se refiere a la inverosímil de sus postulados, ya que se hacen demasiado difíciles de analizar al ser tan amplios e idealistas (Ward, 1997). Estas falencias, provocan que la administración de un gobierno al no prever las falencias, caiga en crisis.
La teoría del discurso.
En cuanto a este enfoque, se puede afirmar que tiene directa relación con la forma de gobernar, es decir las promesas que se hacen a principios de una campaña presidencial, y como estas se van ejecutando durante el periodo de gobierno. Se relaciona estrechamente con el descontructivismo, por ejemplo, Derrida, argumentaba que las palabras no se pueden encerrar con todo su significado en un solo símbolo o fonema, ya que cada individuo posee una cierta significación de cada concepto, la cual es única e irrepetible, lo que hace que existan tantas significantes como individuos en el mundo. Este enfoque, es bastante utilizado en los discursos políticos, y sobretodo en la planificación de los gobiernos. Claro esta que la sobreexplotación, traerá consigo, un discurso plenamente demagogo, alejado de la realidad y lleno de promesas inevitablemente inconclusas. Error en el que caen la mayoría de los políticos, y respectivos partidos.
Las críticas a la teoría del discurso, son a la fragmentación que produce en las estructuras sociales, al no describir las condiciones materiales y como se ejecutan las practicas políticas, es decir, el discurso cae en una amplia ambigüedad. Por otro lado, se critica que el discurso, termina con la ideología, al ser demasiado explicito, y encapsular los conceptos en símbolos predeterminados. Por ultimo, se le critica de no ser aplicable a las instituciones políticas al utilizar recursos auxiliares para entender la realidad (Howarth, 1997).
Aplicación de otros enfoques
Los enfoques no utilizados, corresponden, como se señalo en un principio, a niveles de análisis de distinta ontología. Pero no por esta razón, son inaplicables a este conflicto. Por un lado, feminismo, actúa de manera preponderante en la desaprobación a la gestión gubernamental, ya que cabe recordar, que siempre, Bachelet ha sido criticada por ser mujer, que según la mayoría, le confiere una debilidad de carácter y demasiado sentimentalismo en las decisiones en las que mas bien se necesita objetividad. El feminismo, por otra parte, se ancla a una idea fundacionalista, por ser el sexo, algo dado por la naturaleza, es la esencia que se tiene y nada ni nadie puede cambiarla. Pero por otro lado, la idea del sexo débil y sus implicancias no es más que un constructo social *(Judith Butler). Cabe destacar que los roles son los que se establecen en la sociedad y no existen roles netamente femeninos o masculinos, por lo que las criticas a la mandataria, están completamente erradas, al aceptar la idea de que por su condición sexual no pueda ejercer el cargo asignado. (Chapman, 1997)
El marxismo por su parte, confiere la idea de lucha de clases, es decir la clase obrera, que representa al pueblo, con los capitalistas, o sea, los dueños de los medios de producción, los políticos, quienes tienen las riendas del país. Por lo tanto, quienes están encargados de hacer surgir al país son los mismos políticos, esto confiere un elemento de crítica bastante importante ya que si el gobierno no se ocupa de solucionar los problemas de los ciudadanos, no existe ningún otro organismo idóneo para solucionar el asunto. Tal es el caso de la Presidenta, quien deja pasar el tiempo, sin darle remedio a las crisis como ocurrió con la Revolución Secundaria a mediados del año pasado, la cual, supero al gobierno, con la sola excusa de pedir el derecho a la igualdad en educación que todos se merecen.(Jessop, 2001)
Por ultimo, el análisis conductista, al centrarse en las preguntas, en la investigación de respuestas, me resulta casi inaplicable en cuanto a este tema, además se basa netamente en la observación, por lo que le confiere características poco metodológicas en cuanto al análisis político de este conflicto (Sanders, 1997).
Conclusiones
En primer lugar, cabe destacar que el conflicto seleccionado, pudo ser analizado desde la mayoría de las perspectivas señaladas al comienzo.
Por una parte, el institucionalismo, posee entidades que regulan la acción de los individuos, esto se refiere a la seguridad aunque sea mínima de las acciones que realizara el oponente. Porque como ya ha sido señalado, el institucionalismo se asemeja a un juego de ajedrez, donde las acciones son consecutivas. (Rhodes, 1997) también, se privilegia el respeto a las normas, las cuales son protegidas por los mismos individuos, con el fin de mantener la paz. Este caso se da plenamente en nuestro país, al analizar la interacción que ejerce el Gobierno de turno, con la oposición, más bien con los partidos afines a la Alianza por Chile.
En segundo lugar, la teoría de la acción racional, intenta maximizar los intereses desde el ámbito económico. Pero existen tanto intereses personales como colectivos. Los personales, representan a las empresas privadas, que en el caso del conflicto Transantiago, figurarían como los dueños de las flotas de buses. Quienes están a favor de sus propios ingresos y de sacar el máximo provecho de los ciudadanos. En cambio en la contraparte se encuentran los intereses colectivos, vinculados a los ciudadanos, quienes claman por tarifas más bajas y un buen sistema de transporte. El análisis racional, también tiene que ver con la prioridad de las preferencias.de esto se esta encargando el gobierno, al solucionar los problemas que afectan a la ciudadanía por bloques, inyectando dinero al sistema, implementando nuevos recorridos, etc. Ya que la principal tarea de los políticos, se encuentra en salvar la imagen pública de Bachelet, la cual se ha visto bastante pisoteada, a raíz de este conflicto. (Ward, 1997)
Por ultimo, se encuentra la teoría del discurso, la cual, se basa en la premisa de que la realidad no existe como tal, carece de esencia, sólo constituye un constructo social, pero a la vez constituye nuestro medio, estamos rodeados por conjuntos de significación, generados por el discurso. A su vez, posee elementos del antagonismo, ya que si bien, se nos presenta como una forma de realidad que podemos seguir, también existen otras realidades, es por esto que tenemos la capacidad de elegir el sistema simbólico en el que queremos insertarnos. Pero también, posee una cierta hegemonía, la cual en política, se asocia a la significación. Quien tiene el poder de generar el discurso, es quien también posee la autoridad para ejercer liderazgo sobre quienes viven bajo su sistema de significados. En un ejemplo, esto se da en la mayoría de las poblaciones, en donde se hacen intervenciones políticas a favor o en contra de determinadas figuras políticas, ya que se juega con la ignorancia de los pobladores y la confianza que éstos depositan en los políticos. Como ultimo punto acerca de la teoría del discurso, se encuentran los puntos nodales, que representan determinados puntos de vista que desean establecerse en la conciencia colectiva (Howarth, 1997). Tal es el caso de los senadores y dirigentes de los partidos de oposición, que llaman a la revelación contra el actual sistema de gobierno por no cumplir con las expectativas planteadas. De esta forma, generan una mala opinión pública acerca de la gestión del gobierno, y con esto, una baja aprobación de la figura de la Presidenta de la República.
Para finalizar, cabe señalar que muchos de estos enfoques han sido utilizados y mal utilizados por los políticos de este país. Pero lo más relevante en el asunto, es que a pesar de las críticas que reciben por distintas razones, de todas maneras, representan un referente en el ejercicio de la política, y si bien, no representan todas las acciones que se pueden realizar en la misma, justifican la mayor parte de los hechos vinculados a la mala gestión gubernamental.
Es posible, que estos enfoques, vayan en directo beneficio de los partidos opositores, ya que tanto los errores, como los aciertos, hacen dudar de la buena labor presidencial, al menos hasta la fecha. Pero también es importante destacar, que la desaprobación va directamente ligada al plan Transantiago, ya que las estadísticas, muestran que en regiones, la popularidad de la mandataria se mantiene intacta.
Referencias Bibliográficas
*Chapman, J. (1997) “La perspectiva Feminista”, en D. Marsh y G. Stoker (eds.) Teoría y Métodos de la Ciencia Política. Madrid: Alianza, pp. 103-123.
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